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sep
30

Intentando descifrar el contexto internacional de las negociaciones por uso de la agrobiodiversidad (sólo intentando)

La semana anterior tuve el gusto de asistir a la V Reunión del Órgano Rector (GB5 en sus siglas en inglés) del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y Agricultura (TIRFAA), realizada en Mascate, Omán. Para una persona formada en ciencia, una reunión de tantos países donde se tratan estos asuntos a nivel político, económico y diplomático es toda una novedad. Ver como fluyen posiciones, alianzas, bloques y como cada quien defiendo lo suyo es bastante interesante. Siempre supe de este tipo de reuniones por boca de terceros, pero una cosa es lo que uno se puede llegar a imaginar y otra lo que en realidad aquello es.

Hotel Al Bustan Palace, en Mascate, Sultanato de Omán, fue nel lugar donde se realizó el evento

Hotel Al Bustan Palace, en Mascate, Sultanato de Omán, lugar donde se realizó el evento

Las fuerzas naturales que dominan estos eventos donde se discute el acceso a la agrobiodiversidad y el reparto de los beneficios de ese acceso y uso, parecen ser muy marcadas, pero en realidad hay muchos matices. Siempre se habla del grupo de países desarrollados que suelen tener recursos para hacer desarrollos tecnológicos y aprovechamientos pero no cuentan en sus territorios con mucha diversidad genética vegetal y países en desarrollo con escasos recursos económicos y técnicos y mucha agrobiodiversidad que conservar y utilizar. Se supone que siempre se enfrentan por cuenta de sus intereses. El reparto justo de los beneficios sobre el uso de la agrobiodiversidad y los derechos del agricultor (entendidos como su trabajo y el de sus ancestros en la continua mejora de las especies cultivadas como contrapeso a los derechos de obtentor, que normalmente ejercen empresas semilleras y que si están debidamente acreditados por sistemas como el de la UPOV), son frecuentemente el caballito de batalla. Sin embargo hay matices y no todo país desarrollado intenta obviar el hecho de retribuir justamente por el acceso que haya hecho sobre la agrobiodiversidad con un porcentaje de las ganancias obtenidas sobre el producto final y así mismo reconocer los derechos del agricultor. También hay países en desarrollo que con el fin de acceder a más recursos fitogenéticos de los que posee, no le importaría renunciar en cierta manera a ciertos derechos, pues a su manera de ver, le compensa. Esto es como la vida misma, no hay personajes malos ni buenos, el escenario es un degradé de posturas e intereses de bastante complejidad. Lo bonito, por así decirlo, es que en un escenario como el del Tratado, todo se acuerda por consenso. La solución final tiene que satisfacer a todos los grupos y posiciones. Eso hace grande al Tratado pero también hace largos los debates. Aun así, el tiempo que se pueda llevar un consenso es poco cuando de lo que se trata es de preservar y utilizar adecuadamente este recurso imprescindible para la seguridad alimentaria de nuestra especie.

Plenaria de la V Reunión del Organo Rector del TIRFAA

Plenaria de la V Reunión del Órgano Rector del TIRFAA

Desde esa complejidad aparece el grupo de países de América Latina y el Caribe (GRULAC), el cual se ha caracterizado por defender una mayor retribución  económica por concepto de uso de la agrobiodiversidad y por establecer plenamente el derecho del agricultor. Sin embargo, muy de la mano de nuestra diversidad cultural, las posiciones al interior del grupo son evidentemente diferentes de acuerdo a lo que se puede oír en las plenarias de la reunión (las reuniones de carácter interno del grupo son privadas). Sin embargo, como latinoamericano, me encantaría que la posición de la región respecto a cuestiones tan importantes para la conservación y uso sostenible de uno de nuestros recursos más valiosos, fuera una armonía de voces de diferentes tonos pero llevando una sola letra y melodía. El futuro de nuestros pueblos, por muy malas o buenas que sean nuestras coyunturas actuales, está absolutamente ligado. En términos de biodiversidad agrícola también. Si alguno hace mal uso de este recurso o lo defiende de manera equivocada, inevitablemente estará afectando al resto.

Por otra parte es importante ver en las delegaciones de los países latinoamericanos personal experimentado  junto a profesionales jóvenes con mucha proyección y queriendo hacer las cosas bien. Me agradó conocer a todos los integrantes de las delegaciones de los países GRULAC. Espero poder seguir trabajando para la región aportando tecnología y soluciones a los problemas cotidianos que existen en los Programas Nacionales encargados de la conservación de la agrobiodiversidad.

Finalmente, como colombiano, me entristece ver como mi país ha desaparecido desde hace más de diez años del contexto global y regional de las negociaciones sobre AGRO-biodiversidad. Resalto el AGRO, porque en los escenarios donde se discute biodiversidad en general o recursos genéticos (animal, vegetal, microbiano) sigue habiendo participación en algunos foros como el del Convenio de Diversidad Biológica (CBD). Pero en el escenario AGRO, es decir el de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura, la voz y la representación es CERO. Me temo que cuando Colombia vea que tiene que subirse al carro, ya las decisiones las habrán tomado otros. Es muy desolador el panorama, y por ello hago un llamamiento a todas las instituciones de Estado Colombiano a que reflexionen y empiecen a participar YA en todos estos foros, en absolutamente todos, incluso a manera de observadores. Un país con todos los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura como Colombia no se puede dar el lujo de descolgarse más de diez años del contexto global y sólo dedicarse a mirarse el ombligo. Una imagen que lo dice todo:

lasillavacia

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