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Agrobiodiversidad y ecoturismo, un matrimonio “provechoso”

Aprovechando mi visita a Cotacachi y que la gente del INIAP Ecuador (Programa Nacional de Recursos Fitogenéticos) me pidió el favor de impartir un curso de un par de días sobre ecogeografía en las instalaciones de la UNORCAC, aproveché para probar resultados de actividades paralelas a los proyectos sobre conservación de agrobiodiversidad en la zona. En este caso se trata de Runa Tupari (palabras quichuas que significan “encuentro con indígenas”), una iniciativa de turismo rural comunitario promovido entre las comunidades indígenas del cantón de  Cotacachi. Para definir mejor de que se trata, los cito textualmente de su página web:

La iniciativa de turismo rural comunitario ha venido organizándose desde el 2001, por medio de la Unión de Organizaciones Campesinas de Cotacachi (UNORCAC). La Unión y las comunidades indígenas fundaron la agencia comunitaria ”Runa Tupari Native Travel”, que en Quíchua significa “Encuentro con Indígenas”. El desarrollo sostenible del turismo local, con un rostro más humano, exigió desde el inicio la participación directa de las comunidades indígenas anfitrionas. Ellas quieren mostrar al viajero una forma de vida auténtica que se nutre de una visión del cosmos diferente a otras existentes. Este encuentro le permite al huésped experimentar un contacto directo con la naturaleza y, sobre todo, enriquecerse de una vivencia intercultural, compartiendo múltiples actividades con las familias indígenas. En otras palabras, Runa Tupari, su anfitrión y consejero, le ofrece una magnífica oportunidad de aprendizaje mutuo, privilegiando la autenticidad, al tiempo que le garantiza servicios turísticos de calidad.

Yo pude alojarme en la finca de Rosita, su marido Antonio y su nieta Sisa, una familia indígena de la zona de Morochón. En su predio, como en otros 15 más, se construyó hace más de 8 años una cabaña anexa a su casa familiar, en donde alojan a sus visitantes. Por un precio de alrededor de $25-27 USD por persona (27 si se requiere transporte hasta el albergue), se cuenta con alojamiento (en una cabaña con las necesidades básicas, electricidad, baño con agua caliente…), desayuno y cena. Hasta ahí parece una alternativa a un hotel normal de la zona. Pero en realidad lo interesante de hacer una estancia en estos alojamientos es la convivencia con las familias indígenas, conocer sus costumbres, sus comidas, sus animales y mascotas, su huerta, la variabilidad que siembran. Pero un paso más allá es la interacción, el aprendizaje mutuo, el ayudar a sus labores. Sinceramente es toda una experiencia para quien opta por este tipo de turismo, que en mi opinión logra infundir en los huéspedes una nueva dimensión de relación con la naturaleza y también con otras personas “en principio” tan diferentes. Desde luego, para quienes se alojan en estos albergues rurales, es motivo de asombro ver la variedad de la dieta de los indígenas, las múltiples variedades que mantienen de una sola especie y el uso y aprecio por cada una. Es todo un proceso de comunicación y transferencia de conocimientos horizontal que merece la pena vivir. De allí salen personas concienciadas sobre la importancia de conservar la agrobiodiversidad y de llevar una relación más armoniosa con el entorno natural.

Además, sólo el hecho de dormirse con el croar de las ranas y despertarse con los cantos de los gallos y los mujidos de las vacas, abrir la puerta a las 6 am, respirar aire puro y ver a un lado al “taita” Imbabura (volcán Imbabura) y al otro a la “mama” Cotacachi (volcán Cotacachi), entre tanto verde, eso sólo ya justifica la mínima inversión económica.

Los dejo con algunas de las imágenes que capturé de mi experiencia.

 

Página web de Runa Tupari Native Travel, la agencia de viajes creada por la comunidad para manejar los albergues

 

Vista de la mañana desde una ventana de la cabaña donde me alojé

 

Una indígena con sus hermoso traje bordado, que tiene en su propiedad un albergue

Decoración interior de la cabaña, alegórica de la agrobiodiversidad de la región

Decoración interior de la cabaña, alegórica de la agrobiodiversidad de la región

Las cabañas cuentan con chimenea para noches frias

Vista de la cabaña donde me alojé, se llama "Sumak Takipana" o "El buen encuentro"

La exuberante huerta de al lado de la cabaña

Algunos paisajes de los alrededores

El volcán Cotacachi en una mañana despejada

Un amanecer entre variedades de maíz locales y en el fondo el "taita" Imbabura

Bori (viene de Buddy, nombre con que lo bautizaron unos visitantes norteamericanos), el guardián de la casa

Un comentario

  1. EDU escribió:

    Que buena experiencia!! ojalá todos pudiéramos regresar a los orígenes y a la vida sencilla, cultivo de la tierra, sin consumismos, y viviendo en comunidad!!

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