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17

La búsqueda de la adaptación independientemente del cambio climático

Desde que el hombre se convirtió en agricultor, hace más o menos 10.000 años, se inició una selección de genotipos adaptados a ambientes específicos (con mayor o menor grado de perturbación del ambiente achacable al hombre) que no se ha detenido hasta el día de hoy. Se seleccionó y se selecciona por condiciones ambientales de tipo biótico (plantas resistentes al ataque de hongos, virus, insectos o hervívoros, o con mejor asociación con organismos simbiontes) o abiótico (tolerancia a altas/bajas temperaturas, encharcamiento o sequía, radiación ultravioleta, pendiente del terreno, salinidad del suelo, acidez, pedregosidad, etc.). Este último aspecto, si bien no ha tenido tanta trascendencia en las últimas décadas, nunca ha sido un asunto olvidado del todo por el mejoramiento genético de cultivos. El caracter poligénico de la mayoría de las características adaptativas para estreses abióticos posiblemente haya influido en su escasa popularidad entre los mejoradores.  Sin embargo, desde el inicio de la domesticación, cientos de generaciones de agricultores sin tener conocimiento del cambio climático mundial que hoy inunda la opinión pública, ya mejoraban plantas para algunas de las condiciones ambientales que potencialmente podremos encontrarnos en un futuro. Esto mismo ocurrió entre algunos mejoradores genéticos del siglo XX.

Adaptación al ambiente - con y sin cambio climático, asunto clave en la seguridad alimentaria

Hoy, cuando no se concibe un proyecto en agrobiodiversidad sin incluir el estudio o la consecución de la adaptación ambiental de los cultivos al cambio climático (sin una certeza plena de hacia adonde apunta este cambio), es justo agradecer a tantas y tantas generaciones de agricultores y a algunos mejoradores, su atrevimiento y voluntad a la hora de escoger trabajar en este aspecto. Su labor, sus fracasos y especialmente sus éxitos,  representados en millones de entradas en bancos de germoplasma en general, y en cientos de miles de variedades locales de alta adaptación a condiciones adversas en particular, son nuestra esperanza ante cualquier cambio que venga, incluso si no hubiera cambio.

Finalmente recurro a ese espíritu atrevido y voluntarioso para que, si en unos años el tema de la adaptación de la agricultura al cambio climático pasara de moda, se siga adelante en la conservación de especies silvestres emparentadas con cultivadas y de las variedades locales como fuente de características adaptativas y en la mejora genética por tolerancia o resistencia a estreses abióticos. Sólo un trabajo incesante en la conservación y la mejora considerando aspectos adaptativos nos garantizará disponer de opciones,  independiente de tendencias mas o menos duraderas pero en cualquier caso minúsculas en relación a los 10.000 años que acumulamos de evolución de los cultivos y sus entornos.

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