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Ago
10

El mejorador genético convencional: una especie en vías de extinción

Hace poco tuve la suerte de tener una amena conversación con dos de mis profesores de mejoramiento genético de cultivos, de quienes aprendí a su vez el gusto por la docencia. Debo aclarar que en 1995, el mejoramiento genético de cultivos todavía era principalmente el que llamamos hoy «convencional» o «clásico», ese que se dedica a buscar entre la agrobiodiversidad los mejores parentales en términos fenotípicos, albergando la esperanza que al cruzarlos entre ellos o con variedades ya mejoradas, haya una ganancia genética, detectada mediante mucho trabajo y evaluaciones de campo, y que al final esa mejora guste al agricultor y al consumidor. 16 años después, las cosas han cambiado mucho.

Sinceramente disfruté mucho la conversación, prácticamente me dediqué a escucharlos (nunca hay que dejar de aprender de quien te ha enseñado algo de valor en la vida), pero a la vez me dí cuenta de lo difícil que es su trabajo, las satisfacciones que les ha dejado haber optado por esta vía de mejora y a la vez lo desagradecida que es en términos cuantitativos: 15, 20 o 25 años para lograr 7, 8 o 10 variedades en el mejor de los casos y dependiendo de la especie. Muchos de estos materiales no llegan a alcanzar niveles de producción significativas y desaparecen, mientras que otros (pocos en general) logran ocupar altos porcentajes del área dedicada al cultivo de la especie en cuestión, con importantes incrementos en rendimiento o disminución de costos (menor uso de pesticidas, mayor facilidad en las labores agrícolas, mayor adaptación abiótica de los cultivares, etc.), lo cual representa un grandísimo éxito en términos económicos y sociales. Lamentablemente la sociedad y los estados no valoran este esfuerzo en su justa dimensión. Sin embargo ellos, los mejoradores «convencionales», expresan muy claramente su mayor satisfacción: llegar a un campo, y  sin buscar voluntariamente «su» variedad, encontrarla cultivada en ese sitio, recibiendo el agradecimiento y reconocimiento del agricultor por ser el «padre» de la variedad.

Pues bien, estos mejoradores «convencionales» están en vías de extinción. Es posible que me equivoque, pero creo que en Colombia se pueden contar los mejoradores «convencionales» en activo con los dedos de las manos, y sobrarían dedos. La moda de la ingeniería genética/biotecnología está y lleva arrastrando a generaciones de agrónomos (desde hace unos cuantos buenos años) cada vez más al laboratorio y menos al campo, cada vez más a las secuencias de aminoácidos y menos a las características agronómicas o a los componentes de rendimiento y cada vez más a la mejora de caracteres gobernados por pocos genes y al desconocimiento del efecto que tiene el ambiente sobre los genotipos.

Vale la pena aclarar que no estoy en desacuerdo del uso de la biotecnología y la ingeniería genética en algunas áreas de la agricultura. Por ejemplo, temas como la mejora asistida por marcadores moleculares abren vías de comunicación entre los dos mundos de la mejora. También conozco de alguna rama de la biotecnología que se interesa por la expresión de los genes (es decir, por la interacción con el ambiente) y que como una herramienta más, la ingeniería genética aplicada a la mejora, podría en algunos casos llegar a ayudar a solucionar problemas al agricultor, que es de lo que se trata. Por tanto, dejo claro que para mi el problema no es la biotecnología o la ingeniería genética como tal. El problema está en el efecto homogeneizador que conllevan las tendencias que se le imponen a la ciencia de tanto en tanto. Ese efecto hace que hoy en día no haya en Colombia una generación de relevo a los mejoradores «convencionales» (siendo los últimos formados hace más de 15 años), pues la mayoría de los jóvenes investigadores en ésta área están en un laboratorio (y casi no salen de él), sino para colectar muestras de ADN, por ejemplo. Esta falta de mejoradores «convencionales» no se sentirá en el corto plazo, pero traerá consecuencias nefastas en el futuro y tarde o temprano nos obligará a volver la vista atrás. Tendremos que volver a los clásicos textos de Allard, de Falconer y su genética cuantitativa y de métodos de mejora para plantas autógamas, alógamas y de reproducción asexual. Ojalá nos demos cuenta a tiempo y aun encontremos con vida a los maestros en esta disciplina, para retomar el camino. También especifico que este es un problema al interior de la agronomía, no puedo hablar por otras disciplinas como la biología.

Desconozco como sea la situación en el resto de los países de Latinoamérica, pero me temo que el efecto ha sido global, y que nuevas tendencias (modas, booms, etc.) en recursos fitogenéticos y en mejoramiento genético de cultivos siguen generando vacíos que sufriremos en el futuro. Lo cierto es que cuando se ataca ese comportamiento «tendencioso» de caer en modas, los demás creen que uno esta atacando el fenómeno que produjo la moda, y en mi caso desde luego no es así.

Ya para terminar, aun no hemos terminado con la moda de la biotecnología y ya nos estamos embarcando en otras. Justo ahora que la biotecnología e ingeniería genética está tomando su justa dimensión, ahora todos, biotecnólogos y no, a sumarnos a la nueva tendencia, el cambio climático. Dejaré para otra entrada escrutar un poco más en este tema, intentando abarcar las diferentes posiciones al respecto, pero lejos de entrar en el debate de si cambio climático sí o no (no soy experto en la materia), sino intentando ver los efectos positivos o negativos de esta tendencia.

Un comentario

  1. EDU escribió:

    Vecino!! yo creo que en nuestros países siguen existiendo mejoradores tradicionales, los de campo y los de gran sabiduría, no tendrán un título universitario o un master, o peor un doctorado pero tienen sabiduría de generaciones. Ya sabes a quien me refiero, a los campesionos agricultores de aquellos pueblos olvidados, a los indígenas de las cumbres de nuestros Andes. Ellos aún tienen esas especies originales, silvestres, y las conservan pues saben que contienen secretos, resistencias, aromas, sabores que las mejoradas han perdido. Creo que debemos acercarnos y escuchar más a la gente de campo de apie, y alejarnos más de los laboratorios y de la ciencia tradicional!!

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